Día de Acción de Gracias: una tradición inventada a finales del XIX

 

Probablemente a estas alturas usted ya esté familiarizado con los tópicos sobre el Thanksgiving Day que por enésima vez los periodistas se apresuran a repetir por estas fechas haciendo gala una vez más de la extraordinaria habilidad que este gremio viene desplegando en sacarle el mayor provecho a las nuevas tecnologías –y en particular la función de cortar y pagar–, componente ya imprescindible en cualquier redacción moderna.

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“First Thanksgiving 1621” por Jean Leon Gerome Ferris, 1930, se encuentra en Library of Congress, Washington DC

Un repaso al relato legendario convencional del Día de Acción de Gracias

El relato habitual es como sigue:

Los Pilgrim Fathers y sus familias, en total 102 personas, llegaron a bordo del barco Mayflower que había salido del puerto inglés de  Plymouth meses antes a las costas de Massachussets el 11 de noviembre de 1620 y se apresuraron a dar gracias a Dios con una comida especial por la feliz travesía en el lugar que llamaron Plymouth Rock ubicado en el hoy día exclusivo puerto deportivo de Cape Cod. Algunas versiones de la misma leyenda posponen la celebración a un año de su llegada a las costas americanas, una vez que la tierra les hubo bendecido con sus dones.

Esta version es falsa por un motivo fundamental:

  • Los pilgrim eran puritanos separatistas ingleses, es decir de una variedad de calvinismo radical que no celebraba absolutamente nada con fastos ni fiestas. Se limitaban a observar rigurosamente el Sabbath veterotestamentario con total prohibición de trabajar, moverse o comer más de la cuenta, ni siquiera andar más de lo estrictamente necesario.

Ocasionalmente celebraban Days of Fasting and Humiliation (días de ayuno y humillación) y también Days of Thanksgiving pero el programa de festejos de ambos era casi idéntico y consistía en una versión reforzada del Sabbath: “servicios” religiosos de varias horas de atronadora y apocalíptica verborrea intimidatoria cuyo sentido teológico era ayudar al fiel a descubrirse salvo a través del miedo. Eran de asistencia obligatoria para toda la comunidad. Se pasaba lista, se imponían fuertes multas por la no asistencia y había que ir ataviado con una vestimenta estrictamente regulada en color, forma y dimensiones: blusa oscura, babero sin puntilla y sombrero de fieltro (no de castor) sin plumas ni ornamentos.

Una fiesta inventada a finales del siglo XIX

De entre los orígenes falsos de esta leyenda hay que apuntar la institución de la misma por parte del general Washington o de Lincoln después de la guerra civil. No es cierto. Hasta la llegada de masiva de católicos irlandeses como consecuencia de la crisis de la patata a mitad del XIX en EEUU no hubo celebraciones populares oficiales, ni siquiera la Navidad como se explica más abajo.

El fascinante libro de Eric Hobsbawm en Introduction to Inventing Traditions (Camridge University Press 1983) desenmascara la mayor parte de las “tradiciones inmemoriales” del Reino Unido cuyo origen, ya saben, se hunde en la noche de los tiempos. Muy aleccionador; volveré a ello en otras entradas.

Reacción de contrapeso al catolicismo reemergente

  • La prohibición de todo tipo de fiestas era radical y hermética y se extendía también a la Navidad, no solo en las colonias sino en la propia Inglaterra. La rehabilitación de las fiestas religiosas del calendario cristiano fue siempre –tanto en la metrópoli como en ultramar– por contrarrestar la popularidad de las fiestas católicas.
  • En Inglaterra las tradiciones festivas del cristianismo empezaron a recuperarse a partir de la despenalización   del catolicismo en 1829 y fue liderada por Disraeli. Ese es el contexto del Christmas Carol de Dickens; próximo a la Navidad ampliaré este punto ya que creo que es muy poco conocido.

En este cartel de 1659 se aprecia clamarente la equiparación de los festejos de Navidad a “fiesta satánica”:

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La prodigiosa subida del catolicismo estadounidense a lo largo del siglo XIX es, posiblemente, el mayor éxito de evangelización que se haya dado pues partiendo de porcentajes exiguos en la época colonial, los católicos son ahora la mayor minoría religiosa del país. Y es que todos los factores contribuyeron a ello: inmigración irlandesa, italiana y alemana; conversiones masivas y desplome de las confesiones protestantes.

Con el auge del catolicismo las fiestas litúrgicas encontraron su hueco a o largo de la segunda mitad del siglo XIX. El origen legendario de esta falsa tradición multisecular surge como reacción frente a estos nuevos aires que ponen en peligro la identidad WASP (White Anglosaxon Protestant) a la que se quieren aferrar las fuerzas vivas. Se busca así la construcción de una identidad nacional que incorpore los aspectos populares del catolicismo emergente a la vieja matriz calvinista de la que no se quiere prescindir.

Hay que recordar que esta es también la época de la fabricación/invención de otros nacionalismos de telúricas raíces como el celta (con la falsificación del poeta Osian), el vasco, el catalán, el nórdico, el escocés y hasta del propio imaginario del tradicionalismo inglés (mucho ya del siglo XX incluso, de época eduardiana).


 

 

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